
Decir que en los últimos años se ha venido generalizando el uso de la Corona de Adviento parece innecesario, porque todos hemos visto cómo han aparecido por todas las parroquias. Pero seguro que nos ha llamado la atención que en cada lugar se hace de una forma diferente y el color de las velas no es el mismo. ¿Por qué ocurre esto? Lo primero que hay que decir es que la corona no es un signo litúrgico y, por lo tanto, no tiene un ritual universal para llevarlo a cabo. De hecho suele hacerse tanto en las parroquias como en los hogares.
En el origen de la Corona de Adviento están costumbres paganas que luego vincularon a la preparación de la Navidad los cristianos luteranos alemanes. También era empleada en la liturgia ortodoxa del oriente europeo. Ha sido recientemente cuando los católicos hemos asimilado este signo que incorpora la luz al camino del Adviento, luz que aumenta al tiempo que nos acercamos a la verdadera luz que es Cristo.
Aunque hay diversas formas de componer la Corona, en todas se emplea un círculo hecho con follaje verde (macrocarpa o similares) y dentro de ese círculo, que simboliza la eternidad de Dios, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, se ponen las cuatro velas, una por cada semana del Adviento.
Los colores más habituales son:
- Tres velas moradas para las semanas 1, 2 y 4 (el morado es el color del adviento) y una rosa en la tercera semana (semana del domingo de "gaudete" o de la alegría).
- Un color para cada domingo: morado el primero (color del adviento), verde el segundo (la esperanza cristiana en torno a la fiesta de la Inmaculada), rosa el tercero (domingo de gaudete) y rojo el cuarto (el color más empleado en la Navidad a cuyas puertas ya estamos).
Cuando termina el adviento puede completarse la corona y convertirla en la corona de la Navidad poniendo una nueva vela, algo más grande que las otras, de color blanco, el color litúrgico de la Navidad, el color que representa la luz naciente de Cristo. La corona verde puede renovarse y se le suelen añadir adornos navideños con una cinta roja enrollada.
Para los que deseen un modelo para hacer esta paraliturgia en casa, en el colegio o en la misma parroquia, os ofrecemos un modelo que puede serviros y que podéis adaptar a vuestras necesidades. Y recuerda: lo más importante no está en preparar las cosas externas, sino en prepararnos por dentro para dejar nacer a Jesús en nuestras vidas.