Lunes 01 de agosto
Martes 02 de agosto
Miércoles 03 de agosto
Jueves 04 de agosto
Viernes 05 de agosto
Sábado 06 de agosto, Transfiguración del Señor.
Reflexiones enlazadas de BIDEAN
Recursos en Betania.es
Recursos de Bidean: Liturgia del día, Evangelio y Salmo.
Reflexión de ACG a las lecturas del domingo. También para los más pequeños.
Recursos enlazados de la página del P. Javier Leoz: Homilía, Oración, Misa Familiar, Salmo (power) y Evangelio (power).
Diversas homilías y comentarios sobre el Evangelio del domingo.
Evangelio ilustrado.
Cuando las catequesis se tienen a lo largo de la semana en los colegios o en las parroquias, parece lógico invitar a los catecúmenos y a sus familias a que se acerquen a celebrar la fe, especialmente la eucaristía que es, sin lugar a dudas, el sacramento por antonomasia de la pertenencia al cuerpo de Cristo, al cuerpo de la Iglesia, al cuerpo de la comunidad local. En este sentido, muchos responsables de pastoral vinculan a los distintos grupos con la animación de la liturgia de esas eucaristías, bien sea con grupos de liturgia, grupos de cantos u otras responsabilidades.
Otro momento relevante debería ser la celebración comunitaria del sacramento del perdón y la posterior confesión personal. Cada cristiano puede acercarse a este sacramento siempre que lo precise y lo desee, pero los procesos catecumenales deberían propiciar que hubiera celebraciones comunitarias, especialmente en tiempos fuertes de la liturgia o en retiros.
Además de la celebración de otros sacramentos, hay que fomentar la celebración de la fe a través de celebraciones de la Palabra o de celebraciones en torno a los tiempos litúrgicos.
Celebrar la fe como grupo, colegio o parroquia es hacer presente la fe de toda la Iglesia, por eso es tan importante que catequesis y celebración de la fe no sean cosas que vivan recorridos separados, sino convergentes. Jesús nos convoca a vivir la fe en grupo, en comunidad, y esa comunidad encarga a unas personas la responsabilidad de la formación en la fe para incorporar a los catecúmenos en la comunidad eclesial. Cuando un grupo de confirmandos o de primeros comulgantes desaparecen de la parroquia o colegio como por arte de magia tras recibir el sacramento, es porque no se han vinculado catequesis y celebración de la fe, así de simple y de dramático.
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Si hay una característica que define la labor de los catequistas es que la metodología es muy variable y lo es, no tanto porque sea imposible tener una metodología única, sino por la razón lógica de que el mensaje de la fe debe adaptarse a muchas características que definen y diferencian a los grupos de catecúmenos. Una de ellas, quizás la más obvia, sea la necesidad de adaptar el mensaje a las distintas edades. La otra es la necesidad de que el catequista tenga en cuenta que se encuentra dentro de contextos socio-culturales diferentes y que, por tanto, deberá adaptarse.En la metodología son posibles tantas fórmulas como grupos, aunque ya hemos dicho en entradas anteriores que es necesario el acuerdo y el trabajo en equipo y que, aunque cada catequista imprima su propio carácter, la catequesis es una tarea de toda la comunidad y es la fuerza del Espíritu quien debe alimentarla, y no sólo los esfuerzos de quienes la dinamizan.
Además de buscar y dar forma a una metodología fruto del acuerdo del grupo, es preciso contar con dinámicas que ayuden a la transmisión del mensaje. Las dinámicas no son los materiales de apoyo, sino el dinamismo con que somos capaces de usarlos. Puedo tener un texto evangélico magnífico, pero si no empleo dinámicas de participación, los chicos se quedarán en silencio y serán incapaces de compartir lo que sienten o viven. Para distintos momentos de encuentro podéis encontrar dinámicas muy variadas en internet: de conocimiento, interioridad, comunicación, creatividad,... Basta con hacer la búsqueda en google de "dinámicas de grupo" y encontraréis muchas que os ayudarán.
Sin embargo, no vamos a centrarnos en esa multitud de dinámicas que facilitan la relación de los miembros del grupo, sino en varias que consideramos imprescindibles en edades de preadolescencia en adelante, donde la catequesis es un camino más arduo y complejo.
La primera de ellas es la entrevista personal del catequista con cada uno de sus catecúmenos. Eso va a requerir un esfuerzo extra del animador al comienzo de la andadura de un grupo, cuando no se conocen a los chicos. Luego la cosa es más liviana porque no hace falta hablar con todos cada vez, sino con aquellos que por la dinámica de la catequesis precisen una atención más personal. Es bueno que esta dinámica se haga de forma distendida: dando un paseo, tomando un refresco, sentados en algún lugar charlando distendidamente,... Eso hace que lo que podría parecer un interrogatorio se convierta es un pretexto para el diálogo.
La segunda, que cada cual integrará a una determinada edad, es el proyecto personal. También podéis encontrar mucha información sobre lo que es y significa el proyecto personal, incluso podéis encontrar esquemas que podréis adaptar como mejor os parezca. El proyecto personal es un primer paso en la personalización de una fe que en la mayoría de los casos ha sido heredada y es el resultado de una serie de costumbres familiares. Cuando es uno mismo quien se proyecta hacia adelante como cristiano, es cuando comienza a hacer suya la fe que le transmitieron sus mayores, fueran éstos padres, profesores o catequistas.
La tercera dinámica, que no quiero dejar pasar, es el proyecto de grupo o comunitario, dependiendo la terminología de la madurez del grupo y de si éste ha dado el salto hacia la vivencia comunitaria de la fe. Esto último sólo suele ocurrir cuando ya el grupo es de jóvenes o adultos, gente con una larga andadura personal que quiere hacer un proyecto común con otros cristianos.
Insisto en que tanto la metodología como las dinámicas son elementos externos y que son el catequista, los catecémenos y Dios quienes han de conformar el grupo.
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Lunes 25 de julio, Apóstol Santiago
Martes 26 de julio
Miércoles 27 de julio
Jueves 28 de julio
Viernes 29 de julio
Sábado 30 de julio
Reflexiones enlazadas de BIDEAN

El hombre es, por definición, un "homo socialis", un ser hecho para relacionarse, para vivir en sociedad, para socializarse. Lejos ya de los arquetipos del Homo Sapiens, el hombre actual ha superado la barrera del conocimiento como un logro y ha pasado a ocupar un nicho antropológico en el que se define por su capacidad para pensar como grupo, socialmente, de modo coordinado. Pero la socialización no siempre lleva al "encuentro". El encuentro entendido como espacio donde una persona coincide o se une a otras.
Por aclarar más el término "encuentro" que en el diccionario tiene demasiadas acepciones negativas, me voy a referir a los encuentros de Jesús, a esos momentos en que Jesús se encuentra con sus paisanos, con sus amigos, con sus discípulos. Ese es el sentido que quiero tratar: Dios que sale al encuentro.
Y Dios sale al encuentro si cuidamos y mimamos los momentos de encuentro. Para delimitar, dejaré los "momentos de celebración" aparte y me referiré ahora a los momentos de encuentro de los catequistas y los catecúmenos.
La reunión semanal o quincenal debe ser en el momento de encuentro más preparado y mimado por el catequista y al que los catecúmenos deberían asistir con un alto grado de responsabilidad. ¿Por qué? Porque de la continuidad de esos encuentros dependerá que se haga bien la labor catequística. Pero para motivar a esta reunión semanal a veces tenemos que servirnos de otro tipo de encuentro menos formales pero igual de importantes.
Las convivencias . No son pocos los grupos de catequesis que tienen su origen en unas jornadas de convivencia en la parroquia o colegio y en una posterior invitación a seguir andando un camino de fe. Estas convivencias suelen tener un esquema en el que hay momentos de ocio, de charla, de oración, de fiesta. Suelen tener un alto valor afectivo para los chicos a determinadas edades, por lo que si un grupo ya hecho hace unas jornadas de convivencia es fácil que renueve los lazos.
En grupos con un poco más de andadura, es fácil que puede plantearse vivir un retiro o una pascua juvenil (u otro momento fuerte). Este tipo de encuentro tiene una componente muy fuerte de vivencia de la fe, por lo que sólo serán recomendables a ciertas edades. Lo que es verdad es que todos los jóvenes en grupos dentro un proceso catecumenal deberían vivir en uno u otro momento un encuentro de este tipo,
En un plano mucho más lúdico pueden plantearse momentos de encuentro tales como campamentos o jornadas de actividad lúdica. Cuando hablamos de campamentos todo el mundo sabe, más o menos a lo que nos referimos: unos días de convivencia en la naturaleza, con actividades programadas, casi todas en una línea de esparcimiento y distensión. Cuando un campamento largo no es factible por las razones que sean, pueden sustituirse por una o dos jornadas con actividades lúdicas en las que se fomente crear grupo, relacionarse de una forma mucho menos formal.
Huelga decir que en cualquiera de estos momentos de encuentro, hay que priorizar las relaciones "ad intra", hacia los miembros del propio grupo y eliminar o minimizar los efectos de los móviles u otros dispositivos que pueden dificultar que las personas se integren con los que tienen a su lado so pretexto de tener que hablar o comunicarse con otros de fuera.
Otro requisito fundamental para este tipo de encuentros lúdico-festivos es que se hagan fuera del ambiente habitual, para cambiar el chip. A veces una tarde de cine con un rato de encuentro hace maravillas en la marcha de un grupo: imaginad lo que se puede conseguir con unas convivencias bien organizadas.
Ah, y dejar siempre claro, que estos momentos son momentos privilegiados en los que, aparte de encontrarnos con los demás, si somos un poco sensibles, es Dios quien sale a nuestro encuentro y nos va explicando cómo es la vida al igual que lo hizo con los discípulos de Emaús.
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Las nuevas tecnologías. Parece lógico que al hablar de materiales de apoyo, en el mundo en el que vivimos, nos centremos en las nuevas tecnologías y más específicamente en Internet. Hace unos años había que hablar de discos, de transparencias, de diapositivas o de montajes. Todo eso y mucho más lo encontramos hoy en Internet y aunque no se disponga de conectividad en todos los lugares, basta con que la tengan los agentes de pastoral, el colegio o la parroquia para que haya que tener en cuenta este medio que ha revolucionado nuestras vidas en muchos sentidos. Lo que haré es priorizar los recursos que considero más interesantes para la labor del catequista.Los vídeos. Hablar hoy de YouTube o de cualquier otra plataforma para alojar los propios vídeos o disponer de vídeos hechos por otros es simple, porque todos sabemos de qué se habla. Lo complicado es tener materiales adecuados a las etapas y requerimientos pastorales específicos. Buscar y tener los enlaces de los canales católicos, webs de ámbito internacional y reconocidas, así como de un buen número de blogs como éste con recursos para pastoral es algo básico, porque ellos ya hacen una selección de vídeos.
La música, especialmente la que tiene un mensaje que ayude a la reflexión, sea o no de temática cristiana. En esta faceta hay que reconocer que las iglesias que llamamos protestantes nos llevan la delantera, porque comparten mucho más la música que nosotros y tienen mucha y muy buena. Nos obstante lo dicho, también hemos de conocer y valorar el esfuerzo de numerosos católicos, grupos o individuos, que comparten su música para que podamos escuharla y emplearla en la labor catequética. Huelga decir que hay mucho negocio de por medio y demasiados derechos de autor, cuando debería primar aquello de que "lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
Los blogs son una fantástica herramienta que hace posible que cada parrroquia, colegio e incluso grupo tenga su propio espacio donde enlazar los recursos que necesitan, las experiencias vividas, las convocatorias a encuentros y demás. Es verdad que para lo que más valen es como espacio de encuentro fácil de realizar y mantener.
Las redes sociales son, sin duda, los medios más al día para compartir información casi en tiempo real y, en ese sentido, pueden ser un medio para convocar, para debatir, para compartir, para expresar,... Son parte del futuro en todos los ámbitos y raro es el espacio pastoral que no cuenta con su correspondencia en las Redes Sociales. El peligro de éstas es la tentación de sustituir el trato personal por este tipo de comunicación. Hay que delimitar muy bien el uso pastoral que queremos darles y separarlo del ámbito personal.
Los recursos clásicos: no, no los hemos olvidado, y nadie puede suplir las fotocopias, el cuaderno para las reflexiones, los folletos impresos para etapas o temas concretos. La mezcla entre medios disponibles hace que se pueda variar lo suficiente como para que el acto catequético no sea ni aburrido ni excesivamente tecnificado.
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Diversas homilías y comentarios sobre el Evangelio del domingo.
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En los tiempos que corren, en los que mantenemos diversos compromisos marcados por horarios, fechas concretas y tiempos delimitados, es muy difícil sustraerse a este instrumento básico que es la agenda, a no ser que contemos con una memoria prodigiosa incapaz de olvidar nada. Como todos tenemos olvidos, seguro que la agenda es una herramienta necesaria por varias razones. Aquí esgrimiremos las que creemos más importantes en el plano pastoral.¿Qué cosas debe recoger nuestra agenda pastoral?
En primer lugar los compromisos personales que asumimos como agentes de pastoral. Desde el momento que los asumimos, los señalamos como imprescindibles. Si me he comprometido como catequista o como animador o simplemente como miembro de un grupo, esa cita debe quedar como fundamental. Quien se enamora de Dios espera con impaciencia el momento del encuentro con él en la catequesis, como los novios esperan el momento de volverse a ver. Aquellos que faltan de forma habitual a su compromiso con la catequesis deben ser apartados de ese compromiso porque no lo han hecho suyo, así de simple. La cita semanal o quincenal de reunión con el grupo es innegociable.
En segundo lugar los compromisos grupales, comunitarios, parroquiales, colegiales,... Es posible que algunos de esos momentos, sean compromisos de simple asistencia, pero es posible que sean momentos de compromiso en la preparación o ejecución de alguna actividad pastoral o celebrativa. Cuando se realiza en grupo, hay que dejar claro a cada uno de los responsables que lo que ellos no hagan no se va a hacer. En este segundo ámbito de compromiso, uno puede ser más o menos flexible en función de los compromisos laborales, de estudios,... En cualquier caso, si nos comprometemos a alguno de estos momentos comunes debemos dar la cara asistiendo o disculpándonos con tiempo cuando nos sea imposible asistir. Hay que distinguir entre razones de peso para faltar y excusas.
Si somos ordenados, nuestra agenda pastoral no será ajena a la agenda personal. Ambas deberán ser una, para que nada se solape ni se estorbe.
En tercer lugar, la agenda pastoral debería recoger mis momentos de oración, formación y celebración dentro del proceso pastoral en el que me encuentro. Todos sabemos de personas muy comprometidas en el plano pastoral, en la realización de actividades, en llevar grupos, en ser los primeros en hacer cosas, pero de los que desconocemos su faceta orante, los momentos que dedica a reciclar lo que sabe o los momentos que dedica a celebrar con el resto de la parroquia o grupo de referencia. No quiero personalizar, pero recuerdo a una catequista que nunca estaba disponible en esas facetas y cuando tenía que preparar una oración o eucaristía, porque le tocaba, siempre tenía un compromiso ineludible. En todo lo demás era fenomenal, pero estas otras facetas ignoraba cómo las vivía. Cuando se lo planteé descubrí que no las vivía en absoluto.
Por último, la agenda se completa con el compromiso en la programación de la reunión, de la oración, de la celebración. Como comenté en una de las características del catequista, el trabajo en grupo, hay que evitar los personalismos, por lo que programar, realizar y evaluar son tareas que se realizan en equipo. Si es así, planificaremos el tipo de programación, la metodología de la reunión, las responsabilidades de cada cual y evaluaremos lo que hemos realizado. El individualista lo hace todo, a veces muy bien, pero ni da cuentas a nadie ni pide ayuda a nadie. Por supuesto, "evita dedicar momentos de tu precioso tiempo a perderlo en grupos que no conducen a nada". Son los que opinan que solos lo hacen mejor y en menos tiempo: un serio problema.
Como apéndice podrían señalarse en la agenda momentos de distensión como convivencias, ratos de charla, cafés compartidos,... Pero esos son momentos que nacen más de la necesidad que de la obligación. No obstante, pueden programarse algunos como propuestas para todos. Dejarse ver y dejarse querer en esos momentos es a veces fundamental para entender lo que significa que es la comunidad la que evangeliza.
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El primero al que hago referencia y que suele ser el que se utiliza en muchos lugares es el material adaptado que cada diócesis hace del proceso catecumenal. Si se trata de la etapa de la llamada Catequesis Infantil, en la que se prepara para la recepción de los sacramentos del Perdón y la Eucaristía, estos materiales suelen considerar las características propias de los chicos en las edades correspondientes y en las características propias de las diócesis o proyectos pastorales de órdenes o institutos religiosos vinculados a la educación y la catequesis.
Un gran apoyo, sobre todo cuando la edad de los catecúmenos es mayor, suele ser el Catecismo o el Compendio. Hay que decir, no obstante, que el lenguaje de estos documentos es poco pedagógico para los jóvenes, por lo que conviene seleccionar los textos más relevantes que se vayan a necesitar e incluirlos en dinámicas más amplias de formación. Sin embargo, sí que puede ser un material muy adecuado para la catequesis de adultos. Estos textos son relevantes sobre todo en las etapas en que se pueden plantear temas de fe de difícil explicación.
Las diferentes conferencias episcopales hacen sus propios directorios de catequesis. Como parece lógico, el énfasis que se pondrá en ciertos aspectos en una sociedad básicamente cristianizada, será diferente del que se emplee en una sociedad sin referentes previos de evangelización.
Por último, en diversas diócesis hay documentos que sirven como referente tanto en el contenido como en las estructuras de las catequesis. En algunos casos, incluso, se hace más hincapié en la metodología a seguir o en el material que se sugiere para emplear que en la integridad del proceso catecumenal. Esto no es algo baladí.
En muchos casos las catequesis se centran en la preparación sacramental olvidando que la catequesis es un proceso continuado que no debe ofrecer lagunas en el tiempo y que debe conducir a los catecúmenos a la completa integración en la comunidad eclesial más cercana y concreta.
Es bueno que cada parroquia o colegio tenga documentos propios que completen la formación catecumenal con las opciones vocacionales más concretas. Si en mi parroquia hay diversidad de vocaciones (laicos, religiosos, sacerdotes) estos documentos propios deben ser los que ayuden a conocer los diferentes carismas presentes en la parroquia.
Por último, y no por ello menos importante, en la medida de la formación de nuestros catecúmenos en etapas más avanzadas de su formación, habrá que considerar la formación en temas como la doctrina social de la Iglesia, el ecumenismo, la teología básica para los catequistas, el compromiso cristiano,... Como son muchas las posibilidades o necesidades, cada cual elegirá los materiales más adecuados a los propósitos perseguidos en situaciones concretas. No es lo mismo preparar catequistas para una zona de la Amazonía que prepararlos para parroquias en las afueras de grandes ciudades, que hacerlo en parroquias en zonas de "vieja cristiandad".
No olvidemos tampoco que las herramientas son necesarias tanto para los catecúmenos como para los catequistas: ambos deben conocer, ambos deben formarse, ambos deben crecer en la fe. Tampoco debemos olvidar que las herramientas son instrumentos, pero no el fin de la catequesis. Cuando la finalidad del proceso es que todos en la diócesis tengan los mismos materiales puede ocurrir que se esté primando el continente más que el contenido.
Un catequista debe emplear más de un medio o recurso a la hora de preparar una catequesis, pero el primero y único que nunca debe faltar es la Biblia. Una catequesis es, por definición, el arte de instruir en la fe. Todos sabemos que la fe, el creer o no creer, es un don o regalo de Dios, pero si ese regalo no se cuida, no se mima, no se alimenta, termina por quedar dormida, aletargada o muerta. Por eso, para despertar la fe, para acompañarla, nada mejor que la Palabra de Dios inspirada que tenemos en la Biblia, de modo especial la que tenemos en el Nuevo Testamento.En los últimos tiempos, hay quien está propugnando que la catequesis sea la formación doctrinal propuesta por la Iglesia o, lo que es lo mismo, un recorrido por el Catecismo, donde dicen que se encuentra toda la verdad que nuestra fe necesita. La tradición eclesial hay que tenerla en cuenta, como en cuenta y a mano habrá que tener el Catecismo, pero es la Palabra de Dios, no la interpretación dogmática o teológica, lo primero que se ha de mimar. Cada etapa de catequesis, cada reunión de catequesis, cada momento de celebración en la catequesis... deben estar iluminados por la Palabra de Dios que actúa en aquellos que la escuchan y la guardan.
En cada etapa de la formación de nuestros niños y jóvenes, habrá que dar más relevancia a unos textos o a otros. Los más pequeños comprenden mejor las parábolas porque son para ellos como cuentos, los mayores ya pueden atreverse con textos más complejos. La formación teológica o doctrinal seria y fuerte se dará ya en jóvenes y adultos, personas capacitadas para comprender géneros literarios, exégesis y demás aspectos de la formación teológica.
La Biblia hay que saber manejarla, hay que subrayarla, hay que leerla y releerla, hay que compartir lo que Dios me está transmitiendo, hay que dialogarlo con los otros catecúmenos y el catequista debe iluminar las dudas que pueda haber. Si la fe es un don individual recibido, debe ser desde el crecimiento personal desde donde se la alimente. Cuando vemos a niños que aprenden textos sagrados de algunas religiones de memoria nos asusta el aprendizaje que puedan estar recibiendo de esa doctrina. No caigamos nosotros en el mismo error de pensar que aprender de memoria una serie de formulaciones es ya formar la fe. La Palabra, esa que llega al corazón y lo transforma, esa es la enseñanza que debemos propiciar.
El catequista debe ser el primero que nunca olvide la Biblia y el primero que no deje pasar una sola sesión de catequesis sin echar mano de un texto previamente leído y meditado. Si además se ha vivido ese texto como experiencia, estaremos captando la atención de los niños o jóvenes y les estaremos diciendo que la Biblia, la Palabra, cambia y transforma nuestra vida.
En nuestra época hay muchos y buenos instrumentos que podemos emplear para desarrollar la labor como catequistas, pero la abundancia de recursos es casi tan peligrosa como la escasez, incluso más. ¿Por qué razón?, preguntarán algunos. Por la sencilla razón de la que lo más importante de la catequesis no es el recurso o recursos de que dispongamos, sino el buen o mal uso que hagamos de ellos y que tengamos claro el objetivo final.
Si cada catequista que lea esto hiciera el ejercicio previo de poner por escrito los recursos físicos o metodológicos que emplea en sus catequesis, estaría haciendo un ejercicio de reflexión sin duda muy valioso, ya que de la reflexión es desde debe surgir la acción. No es solo un comentario, es una sugerencia para quien la quiera emplear antes de comenzar.
A lo largo de los próximos días, como ya hicimos con las "Características de un catequista", iremos reflexionando sobre los instrumentos, recursos o "Herramientas del catequista". Los tres términos son válidos, pero la palabra "herramienta" hace referencia a las piezas de hierro o similar con las que los artesanos hacen su obra. Como veremos, nosotros somos en cierto sentido artesanos y en cierto sentido aprendices del Artesano. Por eso es importante que aprendamos que las herramientas que utilicemos las empleemos adecuadamente para conseguir aquello que el Artesano quiere. Lo importante es la obra final, no las herramientas: he ahí la escusa para emplear ese término y no los otros dos, que también pueden valer, no obstante lo dicho.
Para concluir esta reflexión previa, decir algo parecido a lo dicho cuando hablaba de las características del catequista: lo que aquí proponemos son ideas que cada cual debe adaptar a su realidad. Habrá cosas que consideremos instrumentos imprescindibles y habrá otros que puedan tenerse más o menos disponibles y sean, por tanto, más o menos prescindibles. Lo que no haremos es limitar la capacidad de cada catequista o grupo de reflexionar sobre su propia realidad y buscar las mejores herramientas para aprender del Artesano. Si estas reflexiones en la tranquilidad del tiempo de descanso os sirven, el trabajo habrá valido la pena sin duda.
Lunes 18 de julio
Martes 19 de julio
Miércoles 20 de julio
Jueves 21 de julio
Viernes 22 de julio, Santa María Magdalena
Sábado 23 de julio, Santa Brígida
Reflexiones enlazadas de BIDEAN
Para empezar, os dejo el texto de TODAS LAS REFLEXIONES que he ido poniendo, por si lo queréis tener como un solo documento para utilizarlo, para quitarle o ponerle lo que consideréis más oportuno.
En segundo lugar, os recuerdo los TEMAS PARA LA FORMACIÓN DE CATEQUISTAS que tenemos enlazados en esta página y que también pueder ser de utilidad en todo o en parte.
En tercer lugar varios documentos de Iglesia que son fundamentales tener a mano para consultar: EL CATECISMO con toda el texto, EL COMPENDIO que en su brevedad puede ser más útil por breve y el DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS.
Completamos esta serie de enlaces con algunos que recogen temas y organizan lo que son las CARACTERÍSTICAS DE UN CATEQUISTA. Como podréis ver, todos venimos a decir más o menos lo mismo haciendo más énfasis en unos u otros factores.
- Características de un catequista: temario propuesto en MERCABÁ.com
- Documentos para la catequesis en catholic.net
- Perfil del catequista en AciPrensa
- Manual del catequista en rosario.org
Os dejo para este tiempo con más reposo con el cuaderno de formación de Cristianismo y Justicia. En este caso se titula: "Ya voy Señor". Contemplativos en la acción. Como el propio nombre indica, la reflexión intenta hacernos ver que dentro de nuestro compromiso podemos ser hombres contemplativos, hombres que descubran el rostro de Dios en la acción. No es nada fácil, porque actuar casi siempre nos lleva con prisas y es complicado acertar a ver a Dios ,especialmente si la acción que realizamos es por definición compleja, o complica la posibilidad de vislumbrarlo. En fin, no redundo más en la presentación y os dejo con su lectura. Clicando sobre el nombre obtendréis el pdf. Un saludo.
Recursos en Betania.es
Recursos de Bidean: Liturgia del día, Evangelio y Salmo.
Reflexión de ACG a las lecturas del domingo. También para los más pequeños.
Recursos enlazados de la página del P. Javier Leoz: Homilía, Oración, Misa Familiar, Salmo (power) y Evangelio (power).
Diversas homilías y comentarios sobre el Evangelio del domingo.
Evangelio ilustrado.
Trabajo en equipoHe dejado para el final esta característica porque la creo fundamental.
Demasiadas veces hemos dejado en manos de una sola persona la responsabilidad de un grupo. Tal vez esa persona era la más preparada y capacitada y casi seguro que así era y ha sacado adelante el grupo y la catequesis. Cuando escribo tengo en mente a varias personas que han ejercido ese papel de una forma fantástica. Al mismo tiempo, esas personas han descubierto al trabajar "la soledad del catequista" provocada por la escasez de catequistas, por la falta de coordinación o por la razón que sea. Hay que terminar con esa soledad y aprender a trabajar en equipo. Cuando un catequista trabaja en equipo recibe muchas cosas que le son preciosas y necesarias:
apoyo moral para una tarea con poca recompensa inmediata,
ideas nuevas en un camino a veces árido,
la certeza de que es la comunidad quien envía a la misión de evangelizar,
el apoyo humano cuando las cosas no salen bien,
el consejo oportuno cuando nos equivocamos,...
No sé, creo que todos los que se hayan visto en la necesidad de llevar por su cuenta y riesgo un grupo en la soledad de la preparación, de la realización y de la evaluación, sabrá a lo que me refiero.
Es la comunidad cristiana quien envía y es ella a quien hay que dar razón de lo realizado o programado. Hacerlo así evita los personalismos que a veces nos encontramos, esas personas cargadas de buena voluntad que han estado toda una vida sacando las castañas del fuego solas y a las que de pronto le pedimos que trabajen en equipo. En muchos casos agradecen el cambio de rumbo y dicen "ya era hora", pero en otros casos el personalismo llega a tal extremo que esas personas son incapaces de trabajar en equipo y terminan por pensar que ya no sirven, que no se las quiere, que han fracasado. En estos casos, los responsables deben trarar los casos con mucho tacto.
La sociabilidad del catequista debe hacer que este se preste no solo para los momentos puntuales de la acción catequética, sino para los diversos momentos de vivencia de la fe de la parroquia o el colegio. Es demasiado frecuente que los francotiradores hagan su trabajo, a veces de forma fantástica, y luego desaparezcan. El catequista es alguien que vive y celebra la fe en grupo y con el grupo de los catequistas, de todos los enviados a realizar la misma misión que él. La formación juntos, la oración juntos, la celebración juntos, la programación juntos,... hacen que esa vida de grupo sea posible.
Hombre EducadorQuizá debería aparecer como una de las principales o primeras características de todo buen catequista la de ser capaz de educar, en este caso la fe. Por definición educar hace referencia a dirigir, encaminar o adoctrinar. De estas tres cualidades la que creo más adecuada es la segunda, encaminar, porque la labor de todo educador es poner en camino al educando.
Para encaminar o educar es preciso poseer la capacidad para transmitir la fe que se ha recibido. La transmisión de la fe implica la transferencia no solo de la doctrina sino de las vivencias, de las experiencias, del propio camino. Pero por aquello de que cada cual tiene un camino propio, es básico que el catequista educador posea igualmente...
Capacidad para renovar haciendo nuevo el camino a cada uno de los catecúmenos. Algunos habrá que necesiten un acompañamiento más cercano y dirigista, otros precisarán solo el empujón. La capacidad para renovar hace, pues, referencia a la adaptación que cada catequista precisa hacer del mismo mensaje a todas las personas. Eso requiere renovar, inventar e incluso improvisar para dar respuestas diferentes a diferentes necesidades.
El catequista no es uno más, no es un amigo de los niños o jóvenes, sino un adulto con capacidad de liderazgo. Cuando escuchemos a un catequista que se jacta de ser el mejor amigo de sus niños o jóvenes, estaremos ante alguien que suple la capacidad de liderazgo con la cercanía personal: estos casos suelen terminar en desorden y desconcierto de los niños y/o jóvenes que precisan un guía en una materia que no es fácil, que requiere de experiencia y de vivencia.
Por último, el catequista educador es aquel que conoce y pone en práctica algunas nociones básicas de psicología y pedagogía. No se trata de ser un licenciado en estas disciplinas, pero tampoco se trata de que esa persona esté perdida en el mundo de las emociones, de los aprendizajes, de las características de cada etapa del crecimiento. Por eso hemos insistido en la necesidad de una formación básica. Hay gente con muy buena formación teológica que luego fracasa en el cara a cara de la catequesis por carecer de estos recursos psicológicos y pedagógicos para tratar a sus niños y llevar las riendas de las catequesis.
Hombre íntegroEsta característica habla más del "ser" que del "hacer". Cuando hablamos de capacidades solemos referirnos a cosas que alguien es capaz de hacer. En este caso hablamos de cosas que alguien es capaz de ser, que un catequista debe ser capaz de ser.
Ser un hombre íntegro es no tener doblez, no mostrar dos caras, no representar un papel, ser original y no reflejo. La integridad del catequista es eso mismo, pero aplicando el factor vital de la fe. Y eso, ¿qué significa?
En primer lugar, ser un catequista íntegro significa ser una persona coherente. La coherencia como marco vital significa no hacer distinción entre lo que se vive y lo que se predica. Es el típico ejemplo del padre que le dice al hijo que no beba alcohol mientras se toma una copa o varias. En el catequista, hablar de Jesús y no intentar vivir como Él o lo que es peor, ser un modelo de todo lo contrario, es faltar a la coherencia. Si decimos a los niños que hay que rezar, ir a misa, ser solidarios, ayudar a los demás, ser dialogantes,... es porque nosotros andamos en la misma onda.
Si esto es así, si el catequista es coherente entre lo que dice y lo que vive, deberá estar dispuesto a manifestar la fe que vive en su vida personal en el ámbito social en que se mueve. Recuerdo a un catequista que terminaba de dar su catequesis un viernes y se iba de movida con los amiguetes, de copas hasta altas horas, a hacer el gamberro como cualquier otro. Por supuesto, sus amigos no sabían de sus actividades "pastorales". No se puede llevar una vida como catequista y otra como ciudadano. Si somos consecuentes, seremos evangelizadores, porque seremos ejemplo del evangelio con la palabra y con la vida.
Creo que ésta es una de las características que menos se tienen en cuenta y que es de las más importantes. Cuando una madre se ofrece para ser catequista, se nos puede solucionar un problema de personal, pero si no es una persona coherente con su vida de cristiana, estamos parcheando. Ser catequista sólo los años que el hijo está en la catequesis es simplemente incongruente. Ser catequista es un carisma, una vocación. No matemos lo noble que tiene por cubrir necesidades.
La tarea más importante del catequista, aquella que Dios le encarga, no es hablar a sus niños o jóvenes. Dios envía a realizar una única misión a la que hay que supeditar todos los esfuerzos dentro y fuera de la catequesis: construir el Reino de Dios. El catequista, más que un mero transmisor de saberes, ritos o dogmas es el constructor de una nueva humanidad, un transformador del mundo.La capacidad para construir el Reino de Dios radica en dos cosas: capacidad para ver las necesidades del mundo y voluntad para transformarlas. Según esto, el catequista debe conocer las realidades que lo rodean, que rodean a sus chicos y chicas, conocer sus propios problemas y los ajenos y apostar por cambiarlos. La catequesis debe ser, pues, una plataforma a través de la cual los niños y jóvenes no solo se vean ellos solos, sino a los demás y especialmente a los más necesitados.
Si esta faceta está clara y asumida, tanto el catequista como los catecúmenos deben sacar de las catequesis (el proceso catequético más que las catequesis concretas) una serie de compromisos adaptados a la edad y las capacidades de cada cual. Si en todo el proceso no se trabaja el tema del compromiso, la catequesis quedará coja, porque sólo puede construirse el Reino de Dios desde la práctica del amor hacia los demás, del amor concreto.
Lunes 11 de julio, San Benito
Martes 12 de julio
Miércoles 13 de julio
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Viernes 15 de julio
Sábado 16 de julio
Reflexiones enlazadas de BIDEAN
Ser hombre sabioCuando hablamos del catequista, esa formación debe ser primero cultural. En años pretéritos recuerdo a una catequista que no sabía leer, pero era tan gran persona y tan buena cristiana que lo intentaba suplir y no lo hacía mal, pero al final tomó la decisión de aprender: los niños se daban cuenta. Hoy tenemos gente mucho más formada y la mayoría de nuestros jóvenes tienen carreras terminadas y saben de casi todo. También es verdad que no es lo mismo acumular "saberes" que tener "cultura". Tampoco se trata de buscar a los que sean más sabios, pero tener una cultura buena es basico.
El segundo tramo de formación, específico para catequistas, es el que pasa por una seria formación religiosa que abarque lo doctrinal, lo teológico y lo pastoral. Un catequista debe conocer los principios de la fe que profesa y que transmite. La doctrina se encuentra al alcance de todos en el Catecismo de la Iglesia Católica. Lo teológico es algo más complejo de adquirir porque no todas las diócesis cuentan con programas completos de formación en esta línea. La formación pastoral consiste básicamente en dotar al catequista de herramientas que le capaciten para transmitir la fe, desde la estructura de una catequesis, hasta la forma de llevarla.
Es posible que muchas parroquias o colegios no cuenten con un elenco de personal tan bien formado como se pretende, por lo que deberá cuidar que los más formados hagan las veces de guías de los que lo están menos. Incluso puede y debe plantearse, ante situaciones de precariedad en este sentido, el poner en marcha planes de formación de catequistas que sean obligatorios para optar siquiera a ser catequista. Las nuevas tecnologías facilitan hoy muchos y buenos materiales aunque sea en una línea introductoria y muy básica.
Por último, es básico en la formación humana de los catequistas que éstos conozcan las características psicológicas y sociales de los niños y jóvenes que tienen a su cargo. Transmitir la fe no es nunca un acto impersonal, sino que debe ser un proceso que se adapte a las posibilidades de los catecúmenos y a sus propias características psicológicas y sociales.
De todo lo anterior podemos deducir claramente que el catequista, lejos de ser un "showman" que atraiga las miradas de niños y jóvenes, ha de ser una persona equilibrada que sea capaz de mover sus corazones. Porque el catequista, no lo olvidemos, es un intermediario que Dios tiene para habitar al hombre.

Cuando se es cristiano nunca se es en solitario. Los que dicen que ellos viven "su fe" y que cren en Dios pero no en la Iglesia son unos farsantes o, simplemente, se han hecho una religiosidad a medida, como el que se encarga un traje.
Para empezar, Jesús comenzó su misión reuniendo a una comunidad contituída por los doce apóstoles además de un nutrido grupo de seguidores y seguidoras. Por eso, cualquier catequista debe ser parte de una comunidad cristiana, sea formando parte de una parroquia, de un colegio, de una comunidad cristiana explícita según alguno de los carismas de la Iglesia.
En segundo lugar, la comunidad primaria llamada familia delega en una segunda comunidad llamada parroquia o colegio la formación de sus hijos, pero siempre dentro de un marco mayor, más universal, que es la Iglesia. Cuando hablamos del catequista de Iglesia nos referimos especificamente a catequistas que se enmarcan dentro de la doctrina y moral de la Iglesia. Hoy en día proliferan demasiados individuos, grupos e iglesias centrífugas, capaces de dispersar la fuerza del Reino pero incapaces de aunar esfuerzos en una gran familia. Por eso...
Es necesario que desde la catequesis se anden caminos que nos conduzcan hacia el ecumenismo, hacia la unidad que Cristo quiso para sus seguidores. Caminar juntos aun cuando haya diferencias no es fácil, pero educar en coincidir en lo que nos asemeja es importante, mucho más que defender a ultranza mis propias ideas o mis propios dogmas. Hay momentos que la misma Iglesia promueve para el diálogo entre cristianos e incluso con otras religiones: ese es el camino del ecumenismo.

Decir que ésta es una de las características básicas del catequista parece de cajón. Pero si desgranamos lo que eso debe significar, ya la cosa no es tan sencilla.
Para empezar, el hombre (genérico) de fe está abierto a la gracia es decir, se deja seducir por Dios para que le regale el don de la fe. Porque la fe no es algo que se obtiene por costumbre, porque te han bautizado o porque te confirmaron, se obtiene porque Dios te la da y eso ocurre cuando estás abierto a Él y a sus propuestas.
El hombre de fe tiene capacidad de trascendencia. En un mundo en el que prima lo que se ve, lo que se puede medir, lo que es inmanente, estar abierto a una presencia que lo trasciende todo no es cosa fácil. Es una de las facetas a las que más atento hay que estar con los nuevos candidatos, especialmente si son jóvenes, porque están poco acostrumbrados a trascender lo que son, lo que viven, lo que hacen.
El hombre de fe tiene una vida interior fecunda. Cuando hablamos de vida interior, decimos que se es capaz de interiorizar las cosas, de meditarlas, de orarlas. Sin una vida de oración, la lectura orante de la Palabra y una vivencia constante de los sacramentos es difícil hablar de vida interior. Por eso, todo candidato a catequista tendría que relatar cómo vive esta faceta antes de ponerse delante de un grupo de niños o jóvenes.
Por último, el hombre de fe puede ser cualquiera que viva desde Dios y fomente lo anterior, pero aquel que vaya a ser catequista debe sentirse llamado. En la Iglesia hay diversidad de dones y carismas y mucha gente de fe robusta y bien probada no sería buen catequista, porque el anuncio del evangelio desde la catequesis es muy específico.
NOTA: Esta reflexión es propia, así que si alguno cree que puede aportar alguna cosa más en esta primera característica del catequista como hombre de fe puede hacerlo como comentario, a través de un correo electrónico o en el enlace del facebook. Se agradecerán todas las aportaciones.
Cuando se llega al final del curso escolar o pastoral se suele hacer una evaluación de "lo realizado" con lo que, por lo general, fijamos la atención de lo que ha sido nuestra contribución a la construcción del Reino en función de las cosas que hemos hecho (cantidad) y cómo las hemos hecho (metodología). Raramente evaluamos la calidad de lo realizado, la adecuación a las personas de los objetivos,... Si somos sinceros, no es tan relevante que cincuenta o cien niños hagan la comunión (idem para jóvenes y su confirmación) sino la permanencia en la fe de esos niños y sus familiares. Dependerá de cada cual, de cómo lo evalúe, pero así, mirando un poco por encima, punto negativo.
Una de las grandes preocupaciones a la hora de pensar en el nuevo curso es contar con el número necesario de catequistas para atender todas las necesidades que tenemos. Si sólo buscamos cubrir el cupo, punto negativo.
Si, por el contrario, hemos prestado mucha atención a la preparación de las sesiones, a la formación de los agentes pastorales, al cuidado de lo celebrativo, al diálogo con los responsables y de éstos con los niños y jóvenes,... y eso sigue siendo lo principal, por delante del número: punto positivo.
Sacar adelante un curso pastoral es una tarea ardua y árida donde las haya. Faltan personas, faltan locales, faltan recursos, falta seriedad, falta puntualidad, falta entusiasmo por no ver frutos, falta tanto... En cambio sobran actividades, sobran broncas, sobran desplantes, sobran cansancios, sobran personalismos,... Cada cual podría completar la lista y tal vez sería bueno que lo hiciera como ejercicio previo.
Aprovechando el parón veraniego, voy a intentar hacer una reflexión por "entregas" de las características de un catequista. No estarán todas, dirán algunos; sobran muchas, dirán otros. Habrá quien considere inviable tener catequistas perfectos y habrá quien comience a dar pasos para tener catequistas mejores que mejoren las catequesis. Esa es la finalidad de la reflexión y no otra. Lo mismo podría hacerse con el tema de la clase de religión y tal vez lo hagamos, pero por el momento empezaremos con los catequistas. Quede esta primera reflexión como el preámbulo necesario de un ejercicio de reflexión necesario para todos.
Recursos en Betania.es
Recursos de Bidean: Liturgia del día, Evangelio y Salmo.
Reflexión de ACG a las lecturas del domingo. También para los más pequeños.
Recursos enlazados de la página del P. Javier Leoz: Homilía, Oración, Misa Familiar, Salmo (power) y Evangelio (power).
Diversas homilías y comentarios sobre el Evangelio del domingo.
Evangelio ilustrado.
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