Para los que estos días echamos un rato con los evangelios que nos propone la liturgia, descubrimos que todos ellos nos relatan las "apariciones" del resucitado en los días posteriores a la Resurrección. En más de un caso nos preguntamos cómo podían estar tan cerrados los ojos y las mentes de los discípulos para no ver a Jesús. Bueno, esa pregunta han intentado responderla muchas personas que nos hablan de que la experiencia del resucitado no es como muchas veces nos la hemos imaginado. En definitiva, que debemos dejar de mirar cómo lo descubrieron vivo aquellos hombres que lo siguieron en su tiempo, y plantearnos más seriamente cómo lo descubrimos vivo los que ahora nos decimos sus seguidores. ¿Acaso nosotros no tenemos los ojos y la mente cerrados? ¿Acaso no somos nosotros como los discípulos de Emaús que se habían quedado en el Jesús que había fracasado en la cruz?
Parte de estas preguntas las podemos reflexionar en un artículo de José Mª Castillo que os enlazo por si tenéis tiempo. De cualquier forma, entresaco algunas conclusiones interesantes para nuestra vida de creyentes. Entre otras cosas, nos dice que el resucitado está presente:
- Más en los que actúan que en los que saben. O lo que es lo mismo: menos hablar del resucitado y más desarrollar actitudes que lo muestren.
- En el hombre que sigue creyendo en la utopía y que no se deja vencer por fracasos o malos augurios.
- En aquellos que son incorformistas ante la realidad y así luchan por vencer las injusticias.
- En las personas que no rehuyen el conflicto que genera hoy vivir como hombres de fe resucitados y que luchan por la paz.
- En los que tienen la mirada puesta en el futuro y no en el pasado.
- Y por último, aquellos que tienen un "cor inquietum", un corazón inquieto que busca a Dios hasta que lo encuentra.
Según estas notas, puedes decidir si te has enterado de lo que supone ser un resucitado, resucitar con Cristo y que todos los que nos vean lo vean a Él. Tal vez necesitemos, como los discípulos de Emaús, dejar nuestro pasado, sentarnos a la mesa del compartir y descubrir ahí al Cristo que ha venido a quedarse para compartir con nosotros la Vida.